Actualmente, el número de enfermeras que hay en un hospital atiende al número de camas que hay en el mismo, pero no al grado de dependencia de los pacientes. Este es uno de los criterios que según estas investigadoras de la Universidad de Sevilla deberían tenerse en cuenta en la planificación de recursos humanos. Nos los cuentan Elena Fernández García y Ana María Isabel Porcel Gálvez, ambas de la Universidad de Sevilla y en cuyas investigaciones indagan, por ejemplo, sobre cómo las enfermeras y el grado de dependencia son factores con un claro impacto en la morbimortalidad de los pacientes.

 

Es importante contar con evidencia científica y ratificar con resultados contrastados todas las hipótesis en los estudios de enfermería. En este caso queríamos hablar de vuestro trabajo con las consecuencias que puede haber cuando no hay suficientes enfermeras en algunos servicios muy delicados de un hospital, o cuando directamente están mal distribuidas. En este sentido, ¿cuáles son los últimos trabajos que estáis elaborando en este campo?

Este era uno de los grandes objetivos que se encuadraban dentro de nuestro proyecto, poder investigar y aportar evidencia científica acerca de la distribución de las enfermeras con relación a la dependencia en cuidados de los pacientes ingresados. Para este gran objetivo se han utilizado de base estudios previos, sobre todo a nivel internacional, que es donde más aporte científico hay. Ahí surge también la sinergia con Ana María Raferti en el King College, ya que ella ha trabajado con la herramienta Iniciare a nivel internacional. Así, utilizamos también este recurso para poder hacer nuestra investigación en nuestro contexto y de la mejor manera posible. Uno de los principales resultados obtenidos fue, no tanto la necesidad imperiosa de implementar mayor capacidad de enfermeras en la atención asistencial, sino una correcta distribución en función de la dependencia de cuidados en los pacientes. Pensamos que es fundamental hacer el reparto de estos en función de sus necesidades de cuidados, de sus características, de su nivel de dependencia y no de otros modelos tradicionales que se han venido utilizando y que no están sustentados en esa evidencia científica. Nos parecía fundamental para validar contar con Iniciare, que clasifica a los pacientes en función de su nivel de dependencia, y dar un paso más para hacer la distribución de los mismos en función de esa herramienta. Otro de los grandes resultados de la tesis doctoral ha sido el impacto en la mortalidad de los pacientes. De hecho, durante este mes hemos publicado un artículo referente a los factores que influyen en la mortalidad, en el que aportamos esa evidencia en una revista de impacto. Ahí demostramos como factores tales como la dependencia en cuidados influyen directamente en la mortalidad, es decir, analizamos no solamente la ratio, sino también el propio estado del paciente.

Es fundamental hacer el reparto de las enfermeras en función de las necesidades de cuidados de los pacientes

Hay que analizar entonces las necesidades de cuidado de los pacientes para determinar qué número y cualificación de los profesionales deben atenderles. Cuéntanos, Ana, ¿cómo funciona esta herramienta que estáis validando?

Este es un tema que nos apasiona y en el que llevamos trabajando más de una década. Este proyecto parte de la hipótesis, avalada por la práctica clínica diaria, en la que vemos que los pacientes ahora mismo tienen una clasificación totalmente academicista. Tenemos pacientes en una planta de cirugía, en una planta de medicina interna, o en una UCI; pero realmente no todas las personas son iguales, aunque estén distribuidas en la misma zona. No es lo mismo tener a un paciente con un infarto de miocardio con 50 años en una UCI en la que se le ha estabilizado, que tener a un paciente con 90 años con un infarto en medicina interna que además está complicado con pluripatologías como puede ser diabetes, hipertensión… y puede necesitar que le demos de comer, que lo bañemos, que le hagamos cambios posturales… En ese caso ¿estamos pensando en la gravedad? ¿en el compromiso vital? ¿o estamos pensando realmente en la necesidad de cuidados que tienen las personas? Si nosotros nos centramos en la necesidad de cuidados que tienen las personas todo ese tipo de escalas que se han utilizado de forma sistemática en la práctica clínica se quedan obsoletas, porque evidentemente no han sabido conectar con la realidad y lo que han intentado es poner en relieve las intervenciones enfermeras basándose en la gravedad de la patología, pero no han puesto la mirada en el paciente. Estas escalas han puesto la mirada en técnicas de Enfermería, pero no en el paciente. Nosotras, partiendo de la premisa de a quién había que mirar era al paciente y los resultados en salud de las personas, creemos que los cuidados son totalmente distintos. Por tanto, no nos sirve una distribución de enfermeras solamente por la gravedad porque puede suponer una sobrecarga de trabajo. Nosotras lo que queremos es poner en el centro al paciente. Nuestro estudio de investigación lo que está haciendo verdaderamente es poner en el centro a la persona que necesita unos cuidados de enfermería.

En estos años que llevamos investigando, sabemos que los factores que están influyendo en distribución de las enfermeras en los hospitales es principalmente el número de camas, y no a la necesidad que tienen los pacientes de cuidados. ¿Un paciente necesita menos cuidados por la noche? ¿por la tarde? ¿por la mañana? Pues ahora mismo las ratios se están realizando en base a esos criterios.

Imaginemos que validáis por todos los medios posibles vuestra escala ¿confiáis en que los gerentes o los responsables públicos hagan uso de ella para cambiar algo que lleva haciéndose de otra manera demasiado tiempo?

Nosotras siempre tenemos que ser optimistas en este sentido, porque, de hecho, se trata de una investigación que está financiada con fondos públicos, con lo cual debería de ser totalmente legítimo si no casi obligatorio la transferencia de resultados a la práctica clínica. Nosotras publicamos, ponemos evidencia acerca de lo que existe, de que no está puesta la mirada en el paciente, de que la distribución de cuidados se realiza en función del número de camas y no de las necesidades de cuidados de las personas, y ahora además tenemos una solución para ello. Hemos incidido en los factores que están llevando a esa distribución de cuidados: dónde está puesta la mirada, cómo la dependencia, en un sistema sanitario público tan amplio como el andaluz, está influyendo a la mortalidad, etcétera, pero al final estamos hablando de personas que se mueren. Somos optimistas porque creemos que efectivamente hay sectores públicos a los que efectivamente todo esto les interesa, y desde aquí hacemos un llamamiento a todos aquellos gerentes, tanto de cuidados como médicos o asistenciales, que les interese el estudio, para decirles que estamos totalmente abiertas a colaborar, porque no puede ser de otra manera.

En vuestra opinión ¿qué lastra más a la investigación enfermera? ¿la falta de fondos quizás? ¿la falta de tiempo y conciliación por parte de las enfermeras para poder compaginar trabajo e investigación? ¿la desmotivación o los miedos por parte de las profesionales?

Somos una disciplina que recientemente se ha incorporado a los estudios de grado y aún así consideramos que, a pesar de ese breve tiempo pudiendo acceder a ese grado de Enfermería, se han demostrado las ganas que tenemos las enfermeras de aportar evidencia científica, de investigar, de liderar proyectos de investigación, de intentar llevar esa investigación a una mejora real de la sociedad y del bienestar de las personas. Creemos que a pesar de las posibles desventajas en relación al tiempo que llevamos en este aspecto de la investigación, debemos ser optimistas porque hay grandes estudios y grandes equipos de investigación en todo el territorio nacional. Vamos a llegar hasta donde nos propongamos porque tenemos una gran perspectiva de futuro, con todas estas líneas, con todas estas investigaciones que están emergentes. Más que trabas, creemos que tenemos muchas oportunidades y debemos de aprovechar, con este compromiso con la investigación, para exigir que la toma de decisiones se base en esa evidencia científica que tratamos de aportar.

No obstantes, también es cierto que hay que conjugar la universidad con la práctica asistencial. Concretamente, nuestro conocimiento en enfermería se basa en la práctica y en ella se basa nuestra investigación. Por un lado, debemos reforzarnos con el sustrato conceptual y metodológico que podemos obtener de la universidad, pero necesitamos la práctica clínica. Son pocos años los que llevamos accediendo de forma directa al doctorado, pero no obstante hay muchísimas doctoras y doctores. También es verdad que no todo el mundo en la práctica clínica debe tener esos conocimientos tan intensos como podemos tener nosotras, pero tenemos suerte en tener a unos profesionales del sistema sanitario público muy comprometidos.

 Aquí tenéis a vuestra disposición los estudios de Elena Fernández García y Ana María Isabel Porcel Gálvez

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